El asesinato de Pablo Medina no debe quedar impune

«Prefiero la muerte física antes que la muerte ética» Santiago Leguizamón.

Santiago Leguizamón fue propietario de ZP 31 Radio Mburucuyá, de Pedro Juan Caballero, departamento de Amambay (Paraguay), en la cual conducía el programa matutino Puertas Abiertas. Cuando murió era corresponsal del diario Noticias y Canal 13, de Asunción, y editor de la revista Mburucuya juntamente con la periodista Zulia Giménez, anteriormente fue corresponsal de los diarios capitalinos ABC Color, Hoy y Última Hora.

Veintitrés años después del asesinato de Santiago Leguizamón, víctima de un tiroteo por sicarios contratados por narcotraficantes. Nuevamente el narcotráfico pretende instaurar el temor y silenciar la labor de la prensa.

El periodista Pablo Medina Velázquez, de 53 años, fue asesinado a tiros el 16 de octubre pasado en una emboscada en un camino rural del distrito de Villa Ygatimí, departamento de Canindeyú, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Curuguaty, donde era corresponsal del diario ABC Color hace 16 años. Será penosamente un mártir más de la lucha por garantizar la libertad de prensa, el acceso de la ciudadanía a la información y la libre expresión.

Desde la caída de la dictadura de Stroesnner, 14 comunicadores fueron asesinados presuntamente por motivos relacionados a sus trabajos. De los cuales, solamente un caso la Policía y la Justicia (de Brasil) pudieron identificar y condenar a los autores intelectuales. El resto de los responsables morales de estos homicidios siguen impunes.

Organizaciones como Amnistía Internacional y Codehupy condenaron lo ocurrido. Mientras que grupos sociales, estudiantes universitarios y ciudadanos junto a periodistas, indignados recorren las calles de Asunción reclamando justicia que esperamos que esta vez llegue.

El gobierno debe esclarecer este hecho atroz con el fin de demostrar que realmente no tiene nexos con el narcotráfico como presuntamente se lo vincula. Y que la sangre de Pablo en pos de un país mejor a través su labor, no ha sido derramada en vano.

El desenlace que tuvieron el periodista y su asistente no es diferente al de muchos dirigentes campesinos e indígenas que se oponen al narconegocio, a la mafia de la soja, al rollotráfico y a la narcoganadería en el interior del país.

Este hecho debe ser un hito en la historia paraguaya, que demuestre que desde hoy en más, los asesinatos comandados por narcotraficantes serán condenados con todo el peso de la Ley.

Octubre / 2014.-

 

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