Michelle Bachelet: un punto de inflexión

[pullquote align=»left|center|right» textalign=»left|center|right» width=»30%»]El punto de inflexión[/pullquote]Esta situación podría resumirse en el desafío de responder a la imagen de un espejo, emplazado por la ciudadanía como requisito para depositar su confianza. Una imagen que sea capaz de reflejar de manera nítida las reivindicaciones más sentidas de los chilenos. No es soberbia, pero pareciera que la decisión ya está tomada por los chilenos, y que nosotros llamamos; «… un punto de inflexión» que es como una comba, una línea recta que el efecto o la fuerza de los acontecimientos la tuerce.

1-Evelyn-Matthei-Chile-Patricio-Aylwin-Augusto-Pinochet-Camila-Vallejo-Sebastián-Piñera-Salvador-Allende-Villa-Grimaldi- 2-Evelyn-Matthei-Chile-Patricio-Aylwin-Augusto-Pinochet-Camila-Vallejo-Sebastián-Piñera-Salvador-Allende-Villa-Grimaldi- 3-Evelyn-Matthei-Chile-Patricio-Aylwin-Augusto-Pinochet-Camila-Vallejo-Sebastián-Piñera-Salvador-Allende-Villa-Grimaldi- 4-Evelyn-Matthei-Chile-Patricio-Aylwin-Augusto-Pinochet-Camila-Vallejo-Sebastián-Piñera-Salvador-Allende-Villa-Grimaldi-La sociedad chilena tiene a Michelle Bachelet como la electa presidenta de la República de Chile. Todas las encuestas pronosticaban que la candidatura de Michelle Bachelet seria electa presidente de Chile por mayoría absoluta, la mitad más uno de los votos.

Desde hace, una década la sociedad chilena se enfrenta a los poderes económicos dejados en el papel por Augusto Pinochet al entregar el mando a Patricio Aylwin, presidente chileno (1990-1994), desde esa vuelta a la democracia los chilenos y los presidentes incluyendo a Michelle Bachelet presidenta (2006-2010) no lograron llevar a Chile a una democracia plena.

MUJERES EN POLÍTICA

Esta vez, los descontentos sociales que no han podido hacerse oír por las autoridades de turno, han pasado un pase de gol a Michelle Bachelet. Los líderes estudiantiles han hecho convocatorias históricas de un millón y medio de personas marchando por la Avda. Alameda Libertador Bernardo O’Higgins, cuya cabeza visible fue la ex presidenta de estudiantes de la Universidad de Chile Camila Vallejo, quien esta vez gano una banca en diputados con el 42% de los votos, en su comuna, La Florida.

Camila Vallejo piensa que la sociedad chilena es muy machista y la política es un reflejo de ello, pero no se dice partidaria de leyes de cuotas ni de discriminación positiva y tampoco cree que se trate «sólo de que haya más mujeres, sino de que sean progresistas».

«Ojalá Michelle Bachelet logre abrir esa agenda», dice Vallejo, quien opina que aunque la candidata de la derecha, Evelyn Matthei, esté a favor de las demandas como la del derecho al aborto terapéutico, «ella representa al sector más conservador de Chile».

Esta es una de la principal razón del porque el elector voto a Bachelet, el chileno no quiere continuar con la mentira del poder mediático, y las campañas sucias de parte de la derecha conservadora.

El fracaso del gobierno de Sebastián Piñera, que termina con una debilucha aprobación social, que quedo en evidencia cuando las protestas educativas superaron el cerco de la comunidad universitaria y agitaron la conciencia de la población. Esto logro unir a moros y cristianos en un solo afán, las reformas sociales en especial la universidad gratuita.

Las propuestas hechas por Michelle Bachelet, durante la campaña fue cambiar el régimen tributario, en un país donde los ricos pagan el mínimo de impuestos, cambiar la Constitución Nacional de Chile, redactada en 1980 por la dictadura, a pedido del general Pinochet, (sin una asamblea nacional constituyente), por el asesinado senador Jaime Guzmán Errázuriz, las propuestas de Bachelet, fueron de contramano a las de su contrincante más cercana, la candidata oficialista Evelyn Matthei.

Cobra fuerza el deseo de reformar la Constitución, las redes sociales, convocaban a incluir en el voto la sigla “AC” (Asamblea Constituyente) y presionar así a la dirigencia política, pero todo queda sujeto como en buena medida, de cómo quede conformado el Congreso.

Hoy, después de más de veinte años, la ex presidente Bachelet parece estar dispuesta a hacer los cambios, como ser el derecho a sindicalizarse los trabajadores, estabilidad laboral, y una infinidad de leyes que a los paraguayos nos resultan comunes.

La presidente electa parece estar dispuesta a enfrentar a una serie de cambios que vienen acumulándose desde tiempo atrás y que en esta coyuntura parecen haber encontrado un espacio político para hacerlas una realidad, toda vez que consiga que la séptima parte del Congreso la acompañe.

Esa es una de las trabas dejadas por Pinochet. En los anteriores gobiernos democráticos, no se pudieron hacer estos cambios porque aunque las fuerzas democráticas lograran una mayoría en las urnas, la traba estaba en el Congreso, con los 9 (nueve) «Cenadores» designados por Pinochet a dedo. Senadores con «C» se les llamó a los designados a dedo.

Allí estuvo la clave de estas elecciones. Atender al clamor de la ciudadanía y no a las técnicas y trucos de campaña. Poner por delante la voluntad de servicio público y postergar los proyectos personales.

La candidata electa Michelle Bachelet, ha demostrado sus capacidades y competencias en los altos cargos que le fueron asignados, es una profesional de prestigio y destacada militante de su partido, aunque los votantes no la prefirieron por el socialismo, esta vez votaron a la persona, esto teniendo en cuenta el currículo cuando depositaron su sufragio, sino la forma en que los que pretenden representarlos reflejen con nitidez sus propios anhelos y esperanzas.

Hace tiempo que los expertos paraguayos vienen observando que los chilenos, y quieren una transformación sustantiva de la política. Las demandas por mayor participación han ido aumentando a medida que se consolida el sistema democrático chileno, quizás como una prueba de su propio éxito.

No obstante, esas demostraciones no coinciden plenamente con el análisis centrado en instituciones y estructuras, pues los antiguos grupos de referencia ya no convocan a individuos más preocupados de solucionar los problemas cotidianos de su existencia, que a buscar respuestas colectivas o modelos ideológicos.

Es más bien la necesidad de que los escuchen y los respeten, que los gobernantes expresen con palabras parecidas a las que usan ellos mismos, las dificultades, los abusos y los sueños que motivan el diario vivir de aquellos que se levantan a las seis de la mañana para ir a un trabajo precario y extenuante, en un mundo poco seguro no sólo por la delincuencia, sino que también por lo que sucederá si se enferma alguien de su familia, por las dudas de si el sueldo les alcanzará para llegar a fin de mes, o si podrán pagar la universidad de sus hijos.

Reencantar y seducir son los nuevos conceptos que manejan los profesionales del marketing político, como si se tratara de talismanes o cuentas de colores, o de vender el producto de siempre pero con un envase distinto. En realidad, la cuestión pasa por otro lado, ya que no es con una mejor publicidad que la coalición que les gobierna hace cuatro años, esta vez fue incapaz de renovar su mandato.

Esto es algo un poco más complejo, y es que la sociedad chilena tiene un sentido común que se opone al cambio radical. Tomando en cuenta que la derecha chilena hizo un buen trabajo en la sociedad, le blindo muy bien las espaldas al pinochetismo, aún estando en democracia, ante la mirada inverosímil de los gobernantes democráticos.

UNA CONTROVERSIA SIN FIN

La última gota que llenó el vaso, fue el discurso del actual presidente Sebastián Piñera al cumplirse 40 años del golpe de estado de Pinochet. En un discurso extendido repudio la figura de Pinochet, y estigmatizo la de Salvador Allende.

El 11 de septiembre pasado Sebastián Piñera aún no había advertido el cambio en la gente de barrio, y dijo; «…en mi humilde opinión también tienen responsabilidad quienes no respetaron el estado de derecho y promovieron la intolerancia y el odio en nuestro país”, al terminar de hablar, se dio cuenta que con esas palabras terminaría calcinado.

¿QUIEN ES LA PRESIDENTA ELECTA?

Michelle Bachelet nació en Santiago, el 29 de septiembre de 1951, médico pediatra, separada y madre de tres hijos, su padre fue el general de Aviación Alberto Bachelet, ella heredó el amor a la Patria e hizo un culto del deber.

Alberto Bachelet, su padre, murió a los 51 años. Fue arrestado por sus propios camaradas, y sometido a torturas, muere en una de las sesiones de tortura, el día del golpe de Estado que instauró el general Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973. El delito del general Alberto Bachelet fue haber defendido la institucionalidad del Estado chileno, manteniéndose fiel al gobierno Constitucional del presidente electo democráticamente, Salvador Allende.

La trágica muerte del general Bachelet le «madruga» a Michelle estudiante de medicina con apenas veinte años, siendo ya una activa militante del Partido Socialista.

Tras la muerte de su padre, ella y su madre, Ángela Jeria, son arrestadas y torturadas, y tras un pedido diplomático son enviadas al exilio. Vivieron primero en Australia y luego en Alemania Oriental. Su cedula de identidad fue encontrada años después en el lugar donde se torturaba a los presos políticos, Villa Grimaldi.

Los imponderables del destino esta vez se hicieron presentes. Ese destino que muchas veces se nos cruza en el camino. Es así como esta historia vuelve a emerger durante esta campaña, pues, la principal contendiente de Bachelet, fue la ex ministra Evelyn Matthei, hija del general de aviación Fernando Matthei, uno de los colaboradores de Pinochet y a la vez, uno mejores amigos de su padre, y cuyas vidas tomaron rumbos opuestos tras el golpe de Estado de 1973.

Este desastre electoral de la ultra derecha, con el 25% de los votos escrutados, estuvo encabezada por la candidatura oficialista de Evelyn Matthei, hija del general de aviación Fernando Matthei.

DE REGRESO

Bachelet y su madre regresaron a Chile 1979. En el país ella terminó sus estudios de medicina y ambas siguieron ayudando a otras víctimas de la dictadura.

Algunos creen que ese ser supremo juega desde lo alto con nosotros, una jugada tras otra, el soberano exige que sus representantes recojan la necesidad de afecto y empatía con la suerte de los ciudadanos comunes, los que no quieren discursos altisonantes o estilos más o menos autoritarios.

Hasta ahora, esa reivindicación ha sido materializada en Michelle Bachelet, convertida gracias al cariño y el compromiso de la gente y no a una operación previamente orquestada, en un fenómeno político poco habitual.

Ella tiene su estilo y lo ha hecho bien, qué duda cabe, pero pertenece a un período determinado de la Historia de Chile, la otra historia, no la que se enseña en los colegios, y que no es la historia verdadera. Se trata, precisamente, de construir y establecer la verdad del Chile actual, descontando que lo que se va, no representa avances inéditos para Chile, que deben ser complementados, perfeccionados y enriquecidos en la etapa siguiente.

Tal manifestación democrática debe ser ratificada de igual manera por Michelle Bachelet, que un día no muy lejano le arrebató de las manos el dictador de Chile.

Pero, el dicho dice; «…no por mucho madrugar amanece más temprano», ni atacando al contrincante circunstancial se amplía la base de apoyo.

El pueblo chileno no quiere discusiones estériles, necesita propuestas que iluminen el camino, nuevos rostros, aire fresco que anuncie otros horizontes. Y Michelle Bachelet interpreta integralmente esos deseos, porque nacen del mismo origen, porque es el resultado exacto del clamor popular.

Esta situación podría resumirse en el desafío de responder a la imagen de un espejo, emplazado por la ciudadanía como requisito para depositar su confianza. Una imagen que sea capaz de reflejar de manera nítida las reivindicaciones más sentidas de los chilenos. No es soberbia, pero pareciera que la decisión ya está tomada por los chilenos, y que nosotros llamamos; «… un punto de inflexión» que es como una comba, una línea recta que el efecto o la fuerza de los acontecimientos la tuerce.

Y, concordante con aquello, sólo nos queda observar y desear a la nueva presidenta de Chile, mucha suerte, y que proceda decididamente para que se produzca la inflexión, el giro que se requiere para que una vez más gane la gente, porque encastillarse en el presente, confiar en que la derecha está en el suelo, dormirse en los laureles y guiarse por la calculadora, no hace otra cosa que desgastarse políticamente. Y eso sería imperdonable.

Noviembre 2013.-

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